Por Juan Ramón Quiñones
Un joven profesional de la ingeniería, amante del
juego ciencia y de todas las actividades relacionadas con el
atletismo dominicano, fundó un club de ajedrez en el
Ensanche Ozama, importante sector residencial ubicado en la zona
oriental de la ciudad de Santo Domingo.
Estamos en los comienzos de los
años 60.
Y el joven lleva por nombre Roque Napoleón Muñoz. Ingeniero Civil, padre
de familia.
Roque Napoleón Muñoz bautiza el club con el nombre
de Federico Iglesias, gran ajedrecista dominicano y destacado
promotor del ajedrez.
En el solar contiguo a su residencia, Roque
Napoleón Muñoz prepara el local y lo convierte, con mesas, tableros,
relojes y libros de ajedrez en el más importante centro de
formación de jóvenes del Ensanche Ozama.
Allí reune a decenas de aficionados, a jóvenes
y hombres ya formados. Al Club entran los amantes del
ajedrez a jugar y a estudiar el juego ciencia.
La directiva del Club prepara torneos internos y los
ajedrecistas del Federico Iglesias también participan en torneos
con los de otros clubes de Santo Domingo.
Y así, después de veinte, treinta, cuarenta
años, la República Dominicana mostró y muestra con orgullo los
ejemplares ciudadanos que pasaron por la extensión de la casa del
maestro Don Roque Napoleón Muñoz.
La cosecha de Don Roque Napoleón Muñoz
fue exitosa: La República Dominicana puede testimoniarlo
porque un rincón del pabellón de la gloria se lo tiene reservado a
tan ilustre forjador de ciudadanos ejemplares.
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